Corría el año 2015, el Año Internacional de la Luz de la Unesco. En la ceremonia inaugural, en París, se celebró durante una semana el momento seminal en la historia de la iluminación. Han pasado 1.000 años desde que el gran científico árabe, Ibn al-Haytham, publicó su gran obra sobre la óptica, 150 años desde que James Clerk Maxwell llegó con la teoría electromagnética de la luz y 50 años desde el desarrollo de la fibra óptica. Todos estos aniversarios constituyen un práctico trampolín para que la Unesco promueva tecnologías vinculadas a la luz.

Según cifras de la Unesco más de un cuarto de la población mundial vive en la oscuridad. Actualmente más de 1.500 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a la luz eléctrica, y alrededor de 1.300 millones deben gastar hasta la mitad de sus ingresos en parafina para iluminar sus hogares por la noche. La parafina mata a alrededor de 1,5 millones de personas al año en incendios, o de problemas de salud asociados como la bronquitis y el cáncer. Inhalar el humo de parafina de manera regular es equivalente a fumar cuatro paquetes de cigarrillos al día.

La necesidad de alternativas limpias y asequibles es obvia, razón por la cual una organización benéfica, la Liter of Light, se ha comprometido a crear un millón de luces ecológicas, fuera de la red eléctrica usando un ingenioso diseño que funciona, francamente, con basura. Litre of Light ha desarrollado una luz solar que es barata y relativamente fácil de montar y cuya característica principal es una botella de plástico: el tipo que contiene un litro de bebida gaseosa, y que generalmente se tira una vez vacío.

Un litro de luz o “Liter of light” es lo que obtienes cuando tomas una botella de plástico reciclado de 1,5 a 2 litros (botella de PET), la llenas con agua destilada y 10 ml de lejía o cloro para evitar el crecimiento de algas. Mediante el uso de cemento de contacto la botella de agua se instala fácilmente en madera improvisada o techos de hojalata que se encuentran en las comunidades marginadas de todo el mundo. La luz solar, refractada por el agua proporciona una luz solar pasiva del 100%, equivalente a una bombilla de 55 vatios para hogares con acceso limitado o sin electricidad.

Liter of Light surgió en 2011 en Filipinas por iniciativa de la Fundación MyShelter, una organización benéfica que ofrece soluciones de construcción sustentable para comunidades dañadas por las tormentas. El fundador de MyShelter es Illac Díaz, quien se sorprendió por las condiciones de vida que vio en las zonas rurales de Filipinas afectadas por tormentas severas durante su trabajo como gerente de telecomunicaciones. Empezó a pensar en las maneras de proporcionar edificios de reemplazo baratos y duraderos en estas áreas dañadas por las tormentas.

Dejó su trabajo para estudiar arquitectura alternativa y planificación urbana en el Massachusetts Institute of Technology  (MIT). Fue ahí donde llegó por primera vez la tecnología original de la luz de botella, que originalmente había sido desarrollada por un mecánico brasileño, Alfredo Moser, en el 2002. Díaz tuvo la idea de usar la tecnología para iluminar casas sin recursos y dañadas por la tormenta después de ver imágenes de su aplicación similar en Haití. Regresó a su país de origen y fundó la Fundación MyShelter en 2006. En 2011, la fundación creó Litre of Light, instalando botellas solares en más de 15.000 hogares en y alrededor de la capital, Manila.

La tecnología es sencilla: una botella de plástico llena de agua limpia instalada en el techo de un edificio para que la luz del día desde el exterior se refracta a través del agua hacia la habitación, proporcionando brillo equivalente a una bombilla convencional de 50 vatios a plena luz del día.

Ahora, años más tarde, la organización cuenta con proyectos en 53 países y ha instalado al menos 350.000 luces diurnas y alrededor de 15.000 luces nocturnas, una nueva tecnología que utiliza paneles solares para proporcionar luz para la noche también.

Estas luces nocturnas de botella se componen de un circuito simple, una batería, cuatro luces LED, algunos tubos de plástico, un pequeño panel solar y la botella en sí. Los LED están alojados dentro de la botella de protección, con el panel solar atornillado en la parte superior. Las luces de tres vatios proporcionan brillo suficiente para iluminar una habitación de 15 m cuadrados. Los circuitos están diseñados inteligentemente para que se activen y desactiven automáticamente en presencia o ausencia de luz del día.

Con la adición de una tubería de PVC de 10 pies, o polo de bambú o madera, el dispositivo se puede transformar en una farola. Más importante aún, todos los componentes son de código abierto y se pueden construir desde cero, incluso hasta el propio circuito, cuyas instrucciones se pueden encontrar en Internet.

El hecho de que la tecnología no sea propiedad de una gran corporación multinacional es muy importante para continuar con el enfoque benéfico y sin fines de lucro, según Díaz.

“Si se enseña a mucha gente cómo hacer luces solares, se puede mantener a una comunidad segura con farolas solares. Tres a cinco vatios es todo lo que se necesita para iluminar un pueblo entero”, cuenta el joven emprendedor.

Liter of Light ofrece un modelo en el que los emprendedores individuales pueden aprender a fabricar e instalar los dispositivos y venderlos a sus comunidades con un pequeño beneficio, lo que pone en marcha economías verdes de base como la de San Pedro Laguna en la Filipinas, donde un único emprendedor local ha instalado 11.000 botellas solares. El éxito global de la idea ha dado lugar a muchos proyectos diferentes en todo el mundo.

En 2014, Vaqas Butt, instaló 100 farolas en el campamento Jalozai de la ONU, donde el refugiado promedio no tenía acceso a la luz. Jalozai es uno de los campamentos de refugiados más grandes de Pakistán, albergando a 10.000 familias que huyeron del conflicto en Afganistán.

En Egipto, Liter of Light, respaldado por la empresa Pepsi, proporcionará farolas para pueblos rurales, así como la iluminación 35 escuelas.

Pero es en Colombia donde quizás se están llevando a cabo los proyectos más ambiciosos. Liter of Light Columbia ha desarrollado su propia versión de la tecnología para proporcionar iluminación que es un 300 por ciento más potente que las farolas amarillas convencionales con sólo el 2 por ciento del costo.

“La vida útil es de 70.000 horas garantizadas. Eso es seis años de luz”, dice el director de Liter of Light Colombia, Camilo Hererra.

Las farolas también pueden brillar por tres noches consecutivas sin recargar. Ya se han utilizado para iluminar dos caminos en la zona pobre de El Codito, al norte de Bogotá, y para suministrar luz a 600 familias en Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia.

“El primer paso para que estas comunidades sean más seguras es iluminar sus caminos, calles y espacios públicos, y esto tiene un impacto en la seguridad de las niñas y mujeres que viven en estas áreas”, concluyó Hererra