La multinacional Monsanto es conocida por todas sus “ingeniosas” creaciones, tan preocupantes como peligrosas, lo que la ha llevado a ser considerada hoy en día, como una de las empresas más odiadas del mundo. Pero lo que es menos conocido es que, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Monsanto fue abordada por las potencias mundiales para participar en el Proyecto Manhattan, que tuvo como objetivo desarrollar el arma más terrible de todos los tiempos.

Desde hace años, la “peor” de las multinacionales, es el blanco de crecientes y fuertes protestas de activistas de derechos humanos y del medio ambiente, a casusa de sus actividades consideradas “peligrosas” a nivel mundial, que destruyen la naturaleza y violan los derechos humanos más básicos.

Monsanto es el líder mundial en el campo de los OMG (Organismos modificados genéticamente), con un 91% de la superficie cultivada en el mundo en 2001. El grado de peligrosidad de los “transgénicos”, como se los conoce popularmente, no está del todo documentado y existe en ellos una considerable incertidumbre sobre los daños a largo plazo que puede causar a la salud.

La compañía es uno de los principales fabricantes de pesticidas, fertilizantes y herbicidas como el Roundup, que resultan perjudiciales para el medio ambiente y la salud así como también de los PCB, dioxinas y continúa la lista.

Monsanto es también el responsable de la creación  del “Agente naranja” que fue utilizado durante la guerra de Vietnam y mató entre 3 y 5 millones de civiles.

La firma también está implicada en el empleo ilegal de niños pequeños en los países empobrecidos, el ocultamiento y la manipulación de datos de encuestas de salud. También en casos de fraude, corrupción y conflictos de intereses. En consecuencia, su nombre es bien conocido entre los activistas y es una de las multinacionales más criticadas en el mundo. Ahora bien, ésta es la frutilla del postre, Monsanto también está directamente vinculada a la creación de la peor arma que se ha inventado: la bomba atómica.

En 1939, poco antes del inicio de la segunda guerra mundial, se concretaron una serie de descubrimientos en el campo de la fisión nuclear que cambiarían la historia del mundo. La culminación de muchos años de investigación científica sobre las partículas y átomos, en particular a través de la obra de Pierre y Marie Curie, y de las teorías de Einstein, demostró el poder potencial de la reacción atómica en cadena y permitió imaginar el uso de esta energía para una nueva arma, otorgando al poseedor de la misma, una ventaja militar formidable.

De acuerdo con la historia oficial, el 2 de octubre de ese año, una carta de Einstein al presidente Roosevelt, logrará convencerlo del valor de esta bomba de alta potencia y de la ventaja con la que se beneficiarían los aliados frente al poder del Eje. En el otoño de 1939, se creó el primer comité de gobierno. Para evitar una situación en la que Alemania llegase a desarrollar un arma de esas características antes que ellos, deciden reunir a sus mejores científicos en el conocido “Proyecto Manhattan”, que tenía como objetivo crear la primera bomba atómica.

El proyecto comenzó “modestamente” pero terminó empleando a más de 130.000 personas con un costo total de 2.000 millones de dólares (26 mil millones en la actualidad). La investigación y la producción, que se implementó  en el mas estricto secreto, tuvo lugar en más de 30 sitios en los EE.UU., Reino Unido y Canadá. El trabajo de diseño y fabricación de componentes se llevaron a cabo en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. Numerosos medios industriales y sustanciales aportes financieros, son puestos a disposición de físicos de renombre, la mayoría de los cuales serán Premio Nobel a partir de entonces.

En este contexto se llevó a cabo una reunión importante, en 1943. En Washington, el comandante del “Proyecto Manhattan”, convoca a Charles Allen Thomas, un ejecutivo y futuro presidente de la empresa Monsanto Corporation y le propone que dirija el centro de Los Alamos junto con Robert Oppenheimer, el director científico.

Pero Thomas se niega a abandonar su ciudad y su compañía. Sólo después que le revelaran, bajo juramento de confidencialidad, el plan ultra secreto para construir la bomba atómica, Thomas acepta participar y el departamento central de investigación de Monsanto comienza a trabajar para el proyecto, desde sus instalaciones ubicadas en Dayton, estado de Ohio .

La empresa debe lograr un elemento de alta tecnología en el corazón de la bomba que inicie la reacción en cadena en un momento determinado para conseguir el mayor efecto destructivo posible. Monsanto se encargará de extraer y purificar el polonio utilizado en el generador de neutrones que desencadenará la explosión nuclear. Monsanto comenzó la organización de este programa de alto secreto y la contratación de personal en el Departamento Central de Investigación en 1943, llamado “Dayton Unidad I”. El proyecto se llevará a cabo en cuatro centros o unidades.

La Segunda Guerra Mundial y el éxito del “Proyecto Manhattan” fue el catalizador de una nueva era de colaboración entre Monsanto y el gobierno de Estados Unidos que continuará durante los primeros años de la guerra fría inmediatamente después de la guerra.

Años más tarde, entre 1961 y 1971, la compañía produjo el trístemente célebre “Agente naranja”, formado a partir del herbicida 2,4,5-T, cuya peligrosidad es ampliamente conocida. Este compuesto defoliante y altamente tóxico, fue lanzado por aviones de Estados Unidos sobre los bosques vietnamitas durante la guerra.

Las consecuencias perduran todavía hoy, con muchos tipos de cáncer y defectos de nacimiento en Vietnam, y las diversas secuelas en muchos veteranos estadounidenses. En la década de 1970, los veteranos norteamericanos de Vietnam abrieron una demanda colectiva en contra de los productores del “Agente Naranja”.

Como si fuera poco, a esta triste historia de destrucción y contaminación se suma Bayer, el gigante euopeo de la química, conocido por ser el creador de la Aspirina. Pero por lo que es mucho menos conocido es porque junto con otros pilares de la química alemana como BASF, es es el heredero del conglomerado IG Farben, proveedor de Zyklon B, el gas utilizado en los campos de exterminio nazis.

Actualmente sus pesticidas neonicotinoides, que se venden bajo la marca Gaucho o Proteus, alarman a los apicultores e investigadores, ya que no sólo matan a las abejas, sino también a otros insectos y generan serios problemas de salud.

Para preocupación del planeta, los efectos monstruosos de estas dos grandes empresas químicas se han potenciado aún mas con la fusión reciente por $66 billones de dólares, que dio lugar a una nueva potencia mundial destructiva: Bayer Monsanto. Una crea los venenos del mundo, generando nuevas enfermedades, y la otra ofrece mediacamentos a precios exorbitantes.