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El bienestar o felicidad que sentimos no es directamente proporcional al éxito o tener una relación de amor sea cual fuera: un noviazgo, una cita o incluso el matrimonio. Sin embargo, inconscientemente, e incluso por la presión social creemos que la condición para ser feliz depende de “tener a alguien”.

Y en nombre de un “amor” salimos en una búsqueda loca y desesperada que nos involucra en todo tipo de situaciones y personas con las que la mayoría de las veces no tenemos ninguna afinidad, que nos lleva al vacío, al sufrimiento, la tristeza o la carencia. Cuando entramos en este peligroso ciclo de “la falta de nosotros mismos” nos convertimos en presa fácil para el engaño, la evasión y la ilusión.

Hay personas que no pueden permanecer solas ni un día, viven de relación en relación, de matrimonio en matrimonio, de amorío en amorío, sin intervalo entre una relación y otra, en un intento de curar el vacío y la soledad, o evitando involucrarse y construir por temor a sufrir.

Muchas veces, invocando su propia libertad, terminan buscando en realidad a alguien para satisfacer todas sus necesidades, resolver sus problemas y proporcionar la felicidad esperada. Siempre queriendo apoyarse en otro. No se aman, no se disfrutan, no se conocen. Lejos de ser libres, se vuelven dependientes de otro para sentirse vivos.  Estas personas no pueden cumplir con sus desafíos, madurar, crecer y avanzar.

Otros sobrellevan años de matrimonio o noviazgos en nombre de un amor que ya no existe. Se entregan a la rutina, la tortura emocional, el desprecio, las ofensas, las venganzas y traiciones. Viven de apariencias y en un hartazgo dentro de sus propias familias. Renuncian a vivir y se entregan a ser esclavos del destino. Ese destino no es casual, es lo que han elegido.

En el transcurso de este viaje en busca de las maravillas del amor, también encontramos a los escépticos que ya no creen en nadie, cualquier cosa para no involucrarse por miedo a sufrir de nuevo. Cultivan el amor-desilusión. Sostienen su decepción por años.

Existen también quienes en la vida romántica creen que amar es dar todo sin discriminar, “aman demasiado” y dan tanto a los demás que se anulan. Crean en sus mentes dioses y diosas. Idealizan demasiado al otro, por lo que sufren luego el golpe de realidad que los arrastra a la frustración, el dolor y la decepción.
¿Todo en nombre del “amor”? ¿O para mantener tu zona de confort y seguridad? ¿O por comodidad? ¿O para evitar enfrentarte contigo mismo?

¿Cuánto hace que no te dedicas a ti?

¿Cuánto tiempo llevas sin hacer lo que realmente te gusta?

Estar solo no es el problema. ¡No estar a gusto contigo, con tu vida es el problema! Somos capaces de superar los desafíos, y aprender a caminar con nuestros propios pies. Cada día nuestra misión es buscar sentirnos mejor y con más felicidad.

Nacemos solos, todo el tiempo estamos solos. Cuando sufrimos o sentimos la alegría estamos solos con nuestros pensamientos, el corazón y el alma.

Amigos, familiares y amores son las flores en nuestro camino, son la comodidad y la atención que necesitamos para darnos valor, alimentarnos y seguir nuestro camino. Pero el trabajo, todo el tiempo, es sólo nuestro.

Sentirnos bien, satisfechos, contentos o felices, depende únicamente de nosotros, no depende de nadie más ni de nada externo, y ¡mucho menos de un estado civil!. El compromiso es con nosotros mismos. Siempre. ¡Hasta que la muerte nos separe!


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