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Los lugareños escuchan estridentes rugidos desde el barranco gigante y muchos de ellos tienen miedo de acercarse al cráter de Batagaika. Creyendo en los mundos superior, medio y bajo, lo ven como una puerta hacia el inframundo. Los temibles ruidos son probablemente sólo los golpes de la tierra que cae en una grieta, que es un literalmente un corte de un kilómetro de largo a 100 metros de profundidad en el bosque siberiano.

El cráter va quedando al descubierto con el derretimiento del hielo en el suelo permanentemente congelado (permafrost o permahielo) de esta región. Batagaika empezó a formarse en los ’60 después de que un pedazo de bosque fue talado: la tierra entonces comenzó a hundirse, y ha continuado haciéndolo, evidentemente acelerada por las temperaturas más cálidas recientes que derriten el permafrost, desvinculando así las capas en la superficie y debajo de ella. Las grandes inundaciones en 2008 aumentaron el tamaño de la depresión, que crece hasta 15 metros por año.

Los científicos aseguran que se trata de una ventana única al pasado. El cráter representa una rara ocasión de mirar al mismo tiempo al pasado, al presente y al futuro.

Las capas de sedimento expuestas revelan cómo fue el clima en la región durante 200.000 años. Restos de árboles, polen y animales prueban que antiguamente la zona fue un bosque denso.

Este registro geológico puede ayudar a comprender cómo será en el futuro la adaptación de la región al calentamiento global. Y al mismo tiempo, la aceleración del crecimiento del cráter es un indicador inmediato del creciente impacto del cambio climático en el permafrost.

Hasta ahora, se creía que las capas de tierra eran alrededor de 120.000 años. Pero el profesor Julian Murton de la Universidad de Sussex, que inspeccionó el sitio, determinó que la edad correcta es de unos 200.000 años de antigüedad.

“Este proyecto nos permitirá comparar los datos de objetos similares en Groenlandia, China y la Antártida. Los datos sobre suelos y vegetación antiguos nos ayudarán a reconstruir la historia de la Tierra “, dijo el profesor Murton.

Los investigadores encontraron varias capas de suelos enterrados. Dos de ellas parecen especialmente prometedoras. Demuestran que hace miles de años el clima en la región de Verkhoyansk era el mismo que es ahora, e incluso más cálido.

La expedición fue un “estudio piloto” en uno de los sitios “más importantes” del mundo para el estudio del permafrost. Las muestras serán examinadas con más detalle en el Instituto de Problemas Físicoquímicos y Biológicos en la Ciencia del Suelo en Pushchino, cerca de Moscú.

“En la década de 1960 había un camino entre el pueblo de Batagai y algunas instalaciones industriales. El bosque fue cortado, y esto llevó a la formación del barranco”, contó el director del Instituto de Investigación de Ecología Aplicada del Norte, Gregory Savvinov.

En los últimos años, con el telón de fondo de los cambios climáticos, debido al calentamiento, el barranco creció hasta el tamaño del cráter.

En 2009 se descubrió el cadáver de un potro de la era del Holoceno de unos 4.400 años de edad y un cadáver momificado de un becerro de bisonte. También se encontraron restos de bisontes antiguos, caballos, alces, mamuts y renos.

A medida que se derrite este permahielo, más y más carbono es expuesto a microbios. Estos microbios consumen carbón y producen no sólo dióxido de carbono sino metano, un potente gas de invernadero. El metano atrapa 72 veces más calor que el dióxido de carbono en un período de 20 años. Los gases liberados por microbios a la atmósfera aceleran aún más el calentamiento. Es lo que se llama un feedback positivo lo que genera a su vez más calentamiento del planeta.

La zona es uno de los lugares más fríos del planeta y compite con Oymyakon, de la misma región, por el título de lugar más frío del mundo.

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