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Una joven turista estaba de visita en la ciudad de Perth, en el oeste de Australia, cuando se encontró frente a una hermosa puesta de sol. Naturalmente, ella quería tomar su teléfono y sacar una fotografía, pero la batería estaba agotada… En lugar de resignarse, sacó un hilo y bordó la escena en un pequeño pedazo de tela abrazado por el bastidor.

“Tenía mis útiles de manualidades conmigo, así que pensé, ¿por qué no tratar de bordarlo como una forma de fotografía? Y después de eso, me di cuenta de que realmente disfrutaba de este proceso, así que seguí haciéndolo”.

Teresa Lim, una ilustradora de 26 años, nativa de Singapur ha bordado paisajes y monumentos en Europa, Asia y Oceanía. Inspirada, descubrió una manera de transformar sus dos pasiones, el bordado y el turismo en arte.

Que la artesanía tradicional del bordado se considere a menudo como un pasatiempo anticuado para las mujeres no ha pasado desapercibida para Lim. De hecho, es una de las razones por las que adopta esta forma de arte para comenzar, señalando que a través de la historia, el bordado ha representado “la sumisión y domesticación de las mujeres tradicionales”.

“Muchos de mis trabajos se basan en pensamientos y estudios sobre estereotipos de género y estudios de mujeres. Empecé a hacer bordados cuando escribía mi disertación sobre cómo usarla para cuestionar las normas y problemas de género. También me encanta el hecho de que es extremadamente terapéutico y no hay absolutamente ninguna limitación”.

Lim estima que en promedio le toma unas dos horas bordar una sola pieza. El tiempo necesario también para quedarse en un sitio y disfrutarlo a pleno.


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