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Se sabe con certeza que el origen del café se ubica geográficamente en una provincia de Etiopía. Sin embargo, si hablamos de los efectos de este fruto, podemos afirmar que circulan muchas leyendas. Su consumo creció rápidamente en el mundo árabe del siglo XVI, mientras que todavía era desconocido en Europa.

Antes de acabar en las tazas de los hogares occidentales, el café ha estado no solamente en el corazón de leyendas, sino también en el seno de los conflictos políticos, religiosos y económicos. Hoy en día, 1.500 tazas se consumen por minuto en Francia por ejemplo, que equivale a 330.000 toneladas por año.

La planta del café es originaria de la provincia de Kaffa al sudoeste de Etiopía. La leyenda más célebre de su origen hace referencia a un pastor llamado Khaldi. El joven estaba intrigado por el comportamiento extraño de sus cabras luego de haber comido los frutos del árbol. Al contarle la historia a un vecino, éste tuvo la idea de preparar una bebida y probar por sí mismo.

En el siglo XV, la expansión se realiza por primera vez en la vecina Arabia gracias a los peregrinos musulmanes a La Meca. Como el alcohol está prohibido por el Islam, el café encuentra allí una oportunidad, que en pocos años se transformó en un gran éxito. Se abren los primeros cafés, lugares culturales de intercambio, particularmente populares entre los intelectuales.

El café es entonces monopolio árabe. En 1615, los comerciantes venecianos, sin embargo, se las arreglan para traerlo a Europa. El viejo continente se encontraba en ese entonces en increíble efervescencia alrededor de las bebidas calientes de chocolate (1528) y del té (1610) recientemente importadas.

En los años siguientes, Francia, los Países Bajos e Inglaterra plantan semillas de café en sus colonias, para abastecerse libremente. Al mismo tiempo, numerosas cafeterías abren en las principales ciudades de Europa.

En Francia, el café se comercializa por el puerto de Marsella y es ahí donde se inaugura, en 1640, el primer café francés. No fue hasta casi 30 años mas tarde, en 1668 que un café abrió sus puertas en París, el célebre Procope que instaura una nueva forma de preparar el café haciendo pasar el agua caliente a través de un filtro de café molido. En 1670 primera cafetería en Berlín y en 1683 en Viena. A mitad del siglo XVIII había cafeterías por toda Europa, y en 1734 Bach compuso su célebre Cantata del Café.

Estos lugares que eran particularmente populares, comienzan a ser frecuentados por eruditos, filósofos clásicos y músicos.

En Estados Unidos, la llegada del café es más tardía y se hace efectiva a fines del 1668. Fue muy popular por el episodio de la “Boston Tea Party”, que marca el comienzo de la guerra de independencia. Los altos impuestos instituidos por el Rey inglés Carlos III al té, impulsaron a los habitantes de Boston a boicotear los productos británicos y sustituir el té por café en sus hábitos alimenticios.

A lo largo de su expansión y por sus propiedades estimulantes sobre el cuerpo, será objeto de muchas polémicas. La primera sucedió en 1511, cuando las autoridades de La Meca quisieron quemar las bolsas de semillas consecuencia de un alzamiento y protesta popular. Según ellos, los cafés eran lugares de libertinaje y de conspiración política.

Recién llegado a Europa y argumentando su origen árabe, unos sacerdotes italianos tratan de convencer al Papa Clemente VIII que lo prohíba, aduciendo que es la bebida de los infieles. Sin embargo, después de probar una taza, el Papa quedó encantado y ¡asunto terminado!

Dos intentos de prohibición de los locales de café también se llevaron a cabo en Inglaterra en 1674. Un grupo de mujeres firmaron una petición, alegando que alejaban a sus maridos, quienes preferían pasar el tiempo en esos lugares, en vez de permanecer en la casa junto a ellas. Mas tarde, Carlos II hizo un segundo intento basándose en la idea de que era en estos lugares donde se estaba forjando la revolución.

En Alemania, se pensaba que la bebida provocaba esterilidad por lo tanto, se trató de prohibirlo a las mujeres. Por último, a finales del siglo XVIII en Rusia, el crecimiento del consumo de café, se convirtió en una seria amenaza ya que competía directamente con el comercio de cerveza producida en Prusia. El rey Federico el Grande, por lo tanto, trató de prohibirlo sin éxito.

Desde Europa y de la mano de muchos personajes atrevidos que se lanzaron a la aventura americana, el café llegó al otro lado del Atlántico. Existen muchas teorías acerca de la llegada del café a Latinoamérica.

La más aceptada es la que le atribuye la introducción del arbusto a Gabriel Mathieu de Clieu, un oficial de la armada francesa quien en 1720 transportó la planta hasta la Isla Martinica, en las Antillas, por orden de Luis XIV. Desde Martinica comenzó su expansión por todo el continente americano. Se dice que de Clieu llevó oculto en su barco un esqueje de café e que incluso lo regó con su propia ración de agua para que pudiera sobrevivir durante la travesía. La planta se adaptó tan bien en la isla que, al cabo de 50 años, se contabilizaban 19 millones de ejemplares.

Existen otras versiones sobre el origen del café en América. Otra leyenda atribuye a los holandeses la introducción del cafeto en América al llevarla a la Guayana holandesa, Surinam, en 1720.

Dejando las leyendas a un lado, el origen del café en Brasil comenzó en el Norte, más concretamente en Belem, en el año 1727, con plantas robadas de la Guayana Francesa, por el Sargento Francisco de Mello Palheta, a petición del Gobernador de Maranhao, que le envió a la Guayana francesa con esa misión.

En Guatemala se hicieron las primeras siembras en 1760, unos sacerdotes Jesuitas fueron quieres llevaron las primeras plantas de café a la ciudad colonial de Antigua, aunque tan solo como plantas ornamentales para los jardines del Monasterio.

En Venezuela la planta del cafeto llegó poco después, en 1780. De la mano de unos Misioneros Castellanos en las tierras cercanas al Rio Orinoco, se dice que fue el misionero Jose Gumilla quien introdujo y sembró las primeras semillas en los terrenos de la Mision, fue más tarde hacia el año 1783 cuando se sembró la primera plantación de café en los jardines de la famosa hacienda la Floresta.

El café es actualmente la segunda bebida, después del té, más consumida en el mundo. A pesar de que los mayores consumidores de café están en Escandinavia, Francia es particularmente adepta. A partir de los 17 años, más de la mitad de los franceses lo consume y cada uno de ellos compra promedio ¡5 kg. por año!

Desde una perspectiva económica, se estima que más de 100 millones es el número de personas que viven del sector del café. Es incluso el primer producto agrícola comercializado en el mundo, antes que el trigo o el azúcar. Por otra parte, para muchos países en desarrollo, el café representa el 80% de las exportaciones totales, ubicado en segundo lugar después del petróleo.

Muchas personas alrededor del mundo no pueden comenzar su día sin una taza de café. No sólo por su sabor excelente sino también porque nos da una explosión muy necesaria de energía a primera hora de la mañana, y su calor nos hace sentir confortables.

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