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Cada prenda de la marca CARCEL ayuda a resolver problemas en lugar de crearlos. Salarios justos para hacer diseños originales con material local y de fuentes sustentables.

La diseñadora de moda Verónica D’Souza, iniciadora del proyecto, cree que la dignidad, no la caridad, es la manera de sacar a la gente de la pobreza. Es por eso que fundó CARCEL un emprendimiento que no está configurado como una obra de caridad, sino como un negocio social. La creadora relata que la idea surgió luego de un viaje por Nairobi donde visitó una cárcel de mujeres en 2014.

Esta conocida marca de moda en boga, con sede en Copenhague, Dinamarca, tiene como objetivo romper la espiral de la pobreza mediante la contratación de mujeres en prisiones para hacer su ropa.

Su primera colección estuvo compuesta por una gama de prendas de vestir simples pero a la vez chic, confeccionadas con lana peruana de alpaca y completamente realizadas por mujeres recluidas en la cárcel de Cusco, en los Andes Peruanos. Un lugar en el que los materiales y las puntadas de la más alta calidad se juntan con las más altas tasas de encarcelamiento femenino. El número de mujeres en prisión en el Perú se ha duplicado en los últimos 15 años por cometer delitos relacionados con la pobreza.

El Perú tiene una larga tradición en prendas de punto y de alpaca. CARCEL explica que su marca pone en valor la experiencia fantástica de estas mujeres y a la vez transforma el tiempo, de otro modo perdido, en realizar habilidades y trabajos remunerados para que las mujeres en prisión puedan mantenerse a sí mismas y a sus hijos.

Esto significa que pueden cubrir sus costos básicos de vida, enviar a sus hijos a la escuela y ahorrar para un recomienzo libre de penas.

En el proceso de manufacturación no se utilizan productos químicos para procesar el material y se necesita muy poca agua y tintura, ya que es una fibra natural y completamente biodegradable.

Los fondos que CARCEL recibe de los clientes se dividen en tres áreas: inversión de impacto social, costos unitarios de producción y desarrollo de negocios.

CARCEL tiene una asociación oficial con el Sistema Nacional de Prisiones en Perú, y dentro de cada producto, encontrarás el nombre de las mujeres que lo hicieron.

En Cusco, las internas de CARCEL son entrenadas por tejedores experimentados hasta que han desarrollado las habilidades vocacionales para trabajar un turno de cinco horas, cinco días a la semana. Las mujeres ganan salarios en efectivo que en Perú equivalen al salario mínimo nacional.

“Creemos que un trabajo justo dentro de la prisión debe ser igual a un trabajo justo fuera de la prisión”, manifiesta D’Souza.

Su primera colección creada por las mujeres en Cusco fue un éxito de modo que la fundadora Verónica D’Souza y la directora creativa Louise van Hauen fueron más lejos hasta continuar sus producciones dentro de la Institución Correccional de Mujeres de Chiang Mai en Tailandia.


Desde su sitio de internet, CARCEL explica:

“Hemos iniciado CARCEL para crear un impacto positivo en el mundo a través del empleo justo y los salarios para las mujeres en prisión, utilizando sólo los mejores materiales naturales y haciendo diseños de calidad que perduren”.

“Creemos que el empoderamiento viene a través de la capacitación, nuevas habilidades, poder apoyar a su familia, ahorrar para un futuro libre de penas y, finalmente, romper con el ciclo de la pobreza”.

“La principal causa del encarcelamiento femenino es la pobreza. Se trata principalmente de madres solteras, pobres y solteras con bajos niveles de educación e ingresos. Estar tras las rejas durante años sin la oportunidad de obtener un ingreso los expulsa aún más de la sociedad”.


“Imaginamos un nuevo mundo de la moda, donde cada prenda de ropa ayude a resolver un problema, en lugar de crear uno”.

Para conocer más acerca de CARCEL puedes cliquear aquí en su Página de internet o en su Facebook


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